La máquina de imprimir dinero y el demonio de la deflación (#4 Serie “Winter is coming, el efecto del banco de hierro”)

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Sintonía del podcast cortesía de Stormy Mondays (canción "Días mejores"). La redacción de la entrada del blog ha sido realizado por Ángel García Cuevas, autor del proyecto value4all.

Conversación entre Alan Greenspan y Daniel Lacalle, año 2006:

Lacalle: - Dr. Greenspan, ¿no cree que las políticas de estímulo monetario pueden dejar de surtir efecto y crear burbujas?

Greenspan: - Sí, el riesgo existe, pero por eso son medidas extraordinarias. No se pueden convertir en costumbre.

(Extraído de “Nosotros los mercados”, de Daniel Lacalle)

La máquina de imprimir dinero:

El dinero es todo aquel activo o bien que generalmente se acepta en una comunidad como medio de cobro y pago para realizar transacciones. Esto incluye monedas, billetes, dinero electrónico, criptodivisas, cheques, pagarés, letras de cambio y facturas. Por lo tanto, el dinero es el medio empleado para poder realizar intercambios comerciales.

Antes del dinero, las transacciones sólo se podían realizar mediante el trueque. Sin embargo, mediante este sistema si, por ejemplo, un panadero desea obtener carne, pero el carnicero no necesita pan, deberá primero intercambiar el pan por aquello que desea el carnicero. El dinero como medio de intercambio para simplificar las transacciones. Las tres funciones que cumple el dinero son:

  • Es una unidad de cuenta ya que es utilizado para poder determinar el precio de cada cosa,
  • Es un medio de cambio para poder realizar transacciones comerciales mediante pagos y cobros, y
  • Es un depósito de valor porque sirve para proporcionar ahorro.

Antiguamente, el dinero se empleaba en forma de monedas de oro y plata que valían su peso en dichos metales, lo que se conoce como dinero mercancía. Posteriormente se generalizó el dinero fiduciario, que es un tipo de dinero no se encuentra respaldado por su composición, sino por la fe en la promesa de pago por parte de la entidad emisora, es decir, el banco central.

Los bancos centrales ostentan el monopolio de emitir este tipo de divisas y de establecer los tipos de interés sobre las mismas. El interés es básicamente la relación entre el valor de un activo presente con relación al valor de ese activo en el futuro. Por ejemplo, es posible que un emprendedor valore más los 10000 euros de crédito que le cuesta sacar su negocio adelante en la actualidad, que los 11000 que debe pagar durante 10 años para saldar su deuda. Por el contrario, su acreedor prefiere sacrificar ese ahorro a corto plazo, para incrementarlo a largo plazo.

Se puede decir que la ley de la oferta y la demanda, en relación con el dinero, presenta distorsiones debido a la acción de los bancos centrales, dependientes del poder político, que genera excesos de inversión y burbujas financieras, que tienen como consecuencia la creación o el agravamiento de los ciclos económicos y su perpetuación en el tiempo, como hemos explicado en episodios anteriores. Los responsables de los bancos centrales no tienen ningún tipo de capacidad especial que les ayude a conocer el tipo de interés adecuado, por mucha información de calidad que reciban antes que cualquier agente del mercado. Además, estos responsables dependen del poder político y presentan una gran influencia del éste. Esto genera grandes presiones a nivel laboral, pues es posible que la persistencia en su puesto de trabajo dependa de contentar al político de turno.

El tipo de interés no debería ser decisión de una o varias personas promonopolio, debería resultar de las valoraciones subjetivas y actuaciones de todos los agentes presentes en el mercado, a través del mecanismo de la oferta y la demanda. Precisamente, según el que fuera presidente de la Reserva Federal (el banco central más importante del mundo) casi 20 años, Alan Greenspan:

Dije que todavía estaba preocupado por que los precios de las acciones estuvieran demasiado altos, pero que la Fed no adivinaría los movimientos de cientos de inversores bien informados. La Fed, en cambio, se posicionaría para proteger la economía ante un eventual crack”.

Aunque en este caso se refiera a los inversores de acciones y no de bonos, los cuales determinan el precio del dinero, no hay diferencia alguna entre el nivel de información y conocimiento que tienen unos y otros. Por este motivo, tampoco es razonable intentar adivinar como van a actuar los cientos de inversores del mercado para así controlar los tipos de interés, lo cual es básicamente a lo que se dedica la Fed.

Aplicación a la inversión:

Como ya adelantamos en el capítulo anterior de la serie, el inversor debe evitar invertir en regiones que basen su crecimiento en la creación de crédito ex nihilo, empleando tipos de interés artificialmente bajos establecidos por los bancos centrales. De esta forma Paramés y Bestinver evitaron pérdidas permanentes de capital durante la burbuja financiera de los años 2006 y 2007. Ante la avalancha de crédito barato, redujeron hasta casi cero su exposición a los sectores inmobiliario y financiero.

No obstante, cabe destacar que tampoco es positivo que, con motivo de garantizar únicamente las buenas inversiones, se manipulen los tipos de interés subiéndolos artificialmente. Unos tipos de interés artificialmente elevados entorpecen la inversión y provocan que se desincentive la asunción de riesgo, pues estos superan los potenciales beneficios.

Actualmente continúa la agresiva manipulación de tipos por parte de los bancos centrales, obligados por el entorno político. Tanto el BCE como la Fed están llevando a cabo políticas expansivas, mantenido artificialmente bajos los tipos de interés y favoreciendo el endeudamiento tanto de E.E.U.U. como de los países de la Eurozona. Por lo tanto, hoy en día se está gestando la burbuja que dentro de unos años explotará provocando nuevamente una recesión económica. Además, esto explica que los ahorradores estén invirtiendo cada vez más en activos como acciones, bonos o criptodivisas, pues la sobreoferta de dinero está haciendo que pierda valor progresivamente.

El demonio de la deflación:

La deflación es el fenómeno opuesto a la inflación. En caso de deflación, el nivel general de precios se reduce, mientras que en caso de inflación aumenta. Si no se aumenta artificialmente la cantidad de dinero en circulación, el estado natural de una economía es el deflacionario. Esto se debe a que los aumentos de productividad permiten que con los mismos recursos se produzca más bienes, lo que provoca su abaratamiento.

La deflación tiene ciertas ventajas:

  • Bajada de precios,
  • Aumento de la inversión en bienes de capital,
  • Aumento de la productividad,
  • Fomento del ahorro y
  • Reducción natural de los tipos de interés.

Y una desventaja: la caída de los precios y el aumento de la productividad puede incrementar el desempleo y provocar un breve estancamiento, lo que puede derivar en una breve recesión económica hasta que se produce el reajuste de los factores productivos.

En los casos de deflación, en vez de esperar a la recolocación de los trabajadores en paro a través del mercado, los cuales pueden tardar años en reorganizarse dentro de la economía deflacionaria, los gobiernos suelen recurrir al estímulo económico a través, de nuevo, de la expansión crediticia. A corto plazo, se soluciona el problema, aunque, como ya hemos comentado, la burbuja que empieza a gestarse generará un problema mayor en el medio y largo plazo.

La deflación es un fenómeno económico muy temido y mal entendido por el público general. Los cinco grandes errores sobre la deflación que destaca Philipp Bagus (link al artículo aquí) son:

  • La deflación causa una redistribución de la riqueza injusta.
  • La deflación reduce la producción.
  • El caos sigue a la deflación.
  • La deflación lleva al desempleo masivo.
  • La deflación puede causar una trampa de liquidez.

En primer lugar, la deflación no provoca una redistribución arbitraria e injusta. No obstante, sí que es cierto que la deflación trae consigo una redistribución. Son los empresarios que anticipan la subida del poder adquisitivo del dinero los que salen beneficiados de este fenómeno a corto plazo, pues el precio de compra se reduce mientras el de venta se mantiene constante. Sin embargo, a la larga también se reducen los precios de venta, lo cual beneficia al consumidor. Por otro lado, con la inflación se produce una redistribución injusta, ya que es el sector financiero el único que dispone del nuevo dinero creado de la nada antes de la subida generalizada de los precios.

En segundo, la deflación tampoco provoca una caída de la producción. En el caso de que los precios de venta caigan antes de los de compra, los empresarios capaces de anticiparse serán los que tengan más éxito, ya que son aquellos que descubren los desajustes del mercado. En el caso contrario, el aumento del margen a corto plazo incitará al empresario a aumentar la producción. Aparte, en un mercado libre, la deflación es consecuencia del aumento de la producción fruto del incremento en la productividad. En ese caso, la deflación genera ahorro y aumento de la productividad, lo cual deriva en crecimiento económico. En realidad, la única deflación que puede entorpecer la producción es la debida a la intervención gubernamental, mediante la disminución artificial de oferta monetaria. Esto pude desembocar en un aumento excesivo de los tipos de interés, lo cual desincentiva el emprendimiento.

En tercero, por supuesto que la deflación implica que no haya una estabilidad de precios, pero esto no provoca un mercado caótico. Aunque no aumente la oferta monetaria, el dinero podrá seguir siendo una forma de intercambio eficaz gracias al fraccionamiento del éste, en unidades cada vez más pequeñas. Aparte, aunque la estabilización de los precios vía expansión crediticia ayude a planificar una economía intervenida, también esconde las malas inversiones entre las buenas como ya hemos visto en capítulos anteriores. Sin embargo, un aumento del poder adquisitivo del dinero incentiva las inversiones de mayor viabilidad económica.

La caída de los precios también provoca menores márgenes, además de que el aumento de la productividad por la mejora o aumento de los bienes de capital reduce la cantidad de personal necesaria. No obstante, bajo esas circunstancias quedan factores productivos liberados para desarrollar otras actividades donde sean necesarios, como puede ser el desarrollo y la reparación de esos bienes de capital antes mencionados.

En cuarto lugar, el desempleo puede tener dos causas: (1) que el empleado no quiera trabajar por el salario que ofrece el empleador o (2) que el empleado no pueda trabajar por el salario que le habría ofrecido el empleador, debido a intervenciones gubernamentales como la ley de salario mínimo. Tanto los empleadores como los empleados anticipan los precios futuros y los tienen en consideración cuando firman contratos a largo plazo. Por lo tanto, ambas partes pueden equivocarse o salir más beneficiados con dichos contratos, en el caso de que los precios bajen, pero también cuando suben.

Por último, la trampa de liquidez consiste en la preferencia por la liquidez en lugar de la inversión por parte de los agentes económicos, debido a que en un período deflacionario se fomenta el ahorro. Hay economistas que defienden que un período deflacionario puede provocar la temida trampa de liquidez. Esto se debe a que el aumento del poder adquisitivo del dinero y los bajos tipos de interés pueden provocar que no haya incentivos para invertir, debido a una preferencia por la liquidez. No obstante, cabe destacar que en un período deflacionario con bajos tipos de interés, la tasa de interés real aumenta la rentabilidad de la inversión, ya que, aunque el interés nominal sea bajo, el poder adquisitivo del dinero se incrementa a medida que pasa el tiempo. Por lo tanto, sí que existen incentivos para invertir. Aparte, esto también provoca que se liquiden las malas inversiones, priorizando las que son más viables económicamente, pues, al ser el dinero un activo cada vez más valioso, el inversor es más cauto a la hora de decidir dónde invertir su dinero.

Por lo tanto, desde el punto de vista austríaco, la deflación no es un fenómeno que haya que evitar radicalmente, pues si se deja al mercado actuar libremente, los efectos adversos derivados de la caída de precios y del aumento de la productividad son paliados más temprano que tarde, pues el periodo deflacionario va acompañado de un aumento del ahorro. Además, en la mayoría de las ocasiones, la deflación no es provocada por el crecimiento económico, sino porque a todo intervalo expansivo, le sigue uno contractivo que reajusta el mercado y que forma parte del ciclo económico.

No obstante, parece que tanto políticos como gran parte de los economistas que les asesoran se encuentran en lo que el Profesor Huerta de Soto llama “la paranoia antideflacionista”. Esto se debe al cortoplacismo clásico de los gobernantes. Aunque a largo plazo, una dinámica constante de deflación traiga prosperidad, es cierto que a corto plazo produce el perjuicio de algunos agentes económicos por el aumento de la productividad y la reasignación de los factores productivos. ¿Por qué al político no le interesa el largo plazo? Porque su trabajo depende de ser reelegido, lo cual es más sencillo a través de medidas cortoplacistas que hinchan la burbuja, además de que la mayoría de los electores no son conscientes de que ese tipo de medidas burbujísticas traen un mayor perjuicio en el largo plazo.

Entonces ¿por qué se demoniza la deflación? Por lo general los gobiernos se encuentran muy endeudados, incluso los países frugales de la UE poseen deudas superiores a 1/3 de su PIB. El peso de la deuda aumenta con la deflación porque, aunque la deuda sea constante, en un periodo deflacionario el dinero cada vez vale más, porque se pueden comprar más cosas con él, y, por tanto, cuesta más esfuerzo devolver esa deuda. La inflación, por el contrario, facilita la devolución de las deudas, porque al mantenerse constante la cuantía de la deuda, el valor de ese dinero va cayendo junto con su poder adquisitivo. ¿Qué prefiere el Estado y todo su entorno, inflación o deflación? La respuesta es evidente.

Aplicación a la inversión:

En caso de decidir invertir en una economía con alta intervención monetaria, hay que ser consciente de que, por lo general, dicha economía presentará un escenario inflacionario. Esto es así ya que dicho escenario es el que beneficia al Gobierno el cual, gracias a su manipulación monetaria, es juez y decide en la dirección que más le interesa.

No obstante, también hay que tener en cuenta que todo periodo expansivo, va continuado de una posterior contracción como ya hemos explicado anteriormente. Por estos motivos, conviene estar preparado invirtiendo, no sólo en bonos y acciones, sino también en activos reales que son aquellos que representan un derecho real de consumo. Pueden ser tangibles como los bienes inmuebles o las materias primas, o bien intangibles como la propiedad intelectual o las patentes. Su uso como inversión alternativa es frecuente por su correlación negativa con la evolución de los precios de activos financieros tradicionales. Además, proporcionan a la cartera de inversión un efecto diversificador, es decir, menor riesgo.

Key Takeaways (KTs):

KT1 –  El dinero fiduciario (fiat money) no está respaldado por ninguna reserva de valor.

KT2 – Esto permite a los bancos centrales darle a la impresora de dinero, inundando de liquidez el mercado. Herramientas para llevar a cabo esta inundación son la fijación de tipos de interés bajos y la imposición de un coeficiente de caja a los bancos comerciales.

KT3 – La fijación de los tipos de interés por parte de un agente económico como los bancos centrales distorsiona el mercado, creando un proceso de boom and bust (burbuja y pinchazo).

KT4 – La deflación es uno de los efectos más temidos y desconocidos de la economía. Supone una bajada del nivel general de precios, es decir, lo contrario a la inflación.

KT5 – La caída de la producción, el incremento del desempleo, la reducción de las inversiones por la preferencia de la liquidez y hasta el caos son consecuencias que se han asociado a la deflación.

KT6 – La realidad es que la inflación les viene muy bien a los países que se han acostumbrado a cuadrar su presupuesto anual acudiendo a los mercados para financiar su déficit. Cabe por lo tanto preguntarse si el hecho de que los bancos centrales compren deuda de los países no es como poner el zorro a cuidar de las gallinas.


 




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Notas:

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