Experimentos psicológicos y la inversión en el largo plazo

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En la redacción de la entrada del blog ha participado Carmen Álvaro-Gracia, autora del proyecto value4all.

Introducción

Si vives de las rentas del trabajo, nunca podrás dejar de trabajar. Porque si no trabajas no comes y si no comes te mueres.

Pero si no has nacido rico, no puedes tampoco vivir de las rentas del capital.

La única manera de transicionar de la vida dependiente de las rentas del trabajo a las rentas del capital es, como bien dice Miguel Anxo Bastos, “ahorro y trabajo duru”. Trabajar, pero ahorrar una parte de los ingresos para invertirlos con el ánimo de ir accediendo poco a poco a las rentas del capital.

¿Pero invertir en qué? Oro, inmuebles, plazas de garaje, renta variable, renta fija, fondos activos, fondos indexados, ETFs, criptoactivos… las posibilidades son múltiples, y cada uno tiene que elegir su propio asset allocation, de lo que ya hablamos aquí.

Nuestra recomendación es dedicar una parte importante de nuestro ahorro a la renta variable, mediante la compra de acciones de empresas estables que reparten dividendo, con la idea de crear una cartera similar a la que proponemos aquí.

Pero en los mercados financieros de renta variable se desconocen los flujos de renta que generará una inversión y la ganancia está condicionada a las decisiones personales del inversor. El riesgo asumido es mayor que en la renta fija debido a la volatilidad, a cambio, la potencial rentabilidad es superior.

La adopción de una visión orientada al largo plazo apoya el mantenimiento de las acciones por largos periodos (en verdad no haría falta vender, en general), en lo que se denomina estrategia Buy & Hold (comprar y mantener, en castellano). En esencia se basa en la compra de acciones de compañías estables que repartan dividendos crecientes y presenten ventajas competitivas respecto a la competencia. Así, mediante la reinversión de dividendos y la capitalización compuesta, se intentará asegurar la revalorización y aumento del capital invertido.

Llegados a este punto, puede deducirse que la inversión financiera está muy relacionada con la psicología, ya que se sustenta en decisiones humanas. Por ello se van a analizar a continuación dos experimentos psicológicos que, aunque no lo parezcan en un principio, pueden relacionarse con el comportamiento del inversor en la toma de decisiones.

Parte I: El problema del sobre análisis en bolsa

Uno de los grandes miedos de la gente a la hora de invertir en bolsa es el desconocimiento y la sensación de tener que controlar extrañas variables que sólo un profesional financiero sería capaz de entender. Muchas veces se ve al inversor como un experto en el mercado de valores capaz de entender y predicar teorías complejas difíciles de asimilar que lo que hacen es precisamente aumentar esa sensación de lejanía con el entorno financiero. Si bien es cierto que cuanto más esté una persona informada en cualquier campo concreto, mayor será la probabilidad de éxito, no es necesario tener una larga carrera profesional como inversor para crear una cartera de inversión con criterio y obtener rentabilidad en el largo plazo.

A continuación, se presenta un experimento para demostrar que al ser humano le genera más fiabilidad lo complejo que lo simple y sin adornos; las teorías más enrevesadas son más convincentes y persuasivas. El resultado se va a relacionar después con el sobre análisis en bolsa en el que incurren muchos inversores.

Alexander Bavelas fue un psico-sociólogo del siglo XX cuyas investigaciones se centraron en gran parte en la transmisión de la información y su aceptación en pequeñas redes. Uno de los experimentos más destacables que realizó fue en la Universidad de Stanford y contribuyó al análisis de la toma de decisiones en la psicología humana.

Bavelas tomó a dos sujetos, Smith y Jones, y les dijo que debían aprender a distinguir las células sanas de las enfermas únicamente por ensayo y error. Para ello, cada persona fue colocada en habitaciones separadas, sin ningún tipo de comunicación entre sí. En cada sala había una pantalla, dos botones marcados como sano y enfermo respectivamente y dos luces que se iluminaban en función de si la respuesta era correcta o incorrecta.

El ensayo consistía en la proyección de muestras de células en las pantallas, para que cada sujeto adivinara si la célula estaba sana o enferma pulsando el botón correspondiente. Seguidamente, recibía información a través del color de la luz sobre si había acertado o fallado. De esta manera, tras varias adivinanzas serían capaces de identificar unos patrones para las células enfermas y aumentar así la tasa de aciertos.

Sin embargo, había una trampa. Smith recibía respuestas reales, es decir, si acertaba, la luz se iluminaba en verde y si fallaba, en rojo. Mientras que, sin saberlo, las respuestas que recibía Jones eran incorrectas y basadas en los aciertos de Smith; así pues, si Smith acertaba, a Jones se le decía que estaba en lo cierto, independientemente del botón que hubiera pulsado.

Tras un número suficiente de pruebas, Smith empieza a acertar alrededor del 80% de sus respuestas y el moderador del experimento les reúne para discutir las conclusiones de cada uno. Smith propone unas reglas simples, concisas y concretas para explicar cómo llegó a sus conjeturas, mientras que Jones, viéndose obligado a elaborar un patrón donde no existe, ofrece un proceso mucho más complejo, enrevesado y abstracto. Sorprendentemente, tanto Smith como Jones, coinciden en que la teoría más persuasiva es la compleja de Jones y, de hecho, Smith se sintió inferior y vulnerable al haber quedado sorprendido de las reglas inventadas de Jones, mientras que Jones rara vez se sorprendía por las reglas simples de Smith. A raíz de la puesta en común, Smith cambia su enfoque intentando adoptar algunos principios de Jones y en el siguiente ciclo de identificación obtiene unos resultados sustancialmente peores que los anteriores [1].

La mayoría de los seres humanos se aferran a las narrativas complejas, considerándolas inherentemente superiores, en lugar de aceptar la aleatoriedad y variabilidad del universo[2]. Según el reconocido inversor James Patrick O’Shaughnessy “Vivimos en el mundo del aquí y el ahora: los titulares nos gritan advertencias, los expertos nos dan infinitos consejos sobre lo que está de moda en este momento y nos sentimos abrumados y no hacemos nada o tomamos medidas precipitadas en el peor momento posible.” La globalización, internet y el acceso a la información son enormes avances que se han conseguido en la historia y son muy beneficiosos en la mayoría de los aspectos, pero se debe tener especial cuidado en las fuentes consultadas y en contrastarlas para poder tener criterio y fiabilidad [3].

Los inversores son víctimas de sesgos similares. Las propuestas de inversión complicadas con modelos financieros detallados que dependen de variados factores desconocidos suelen ser más aceptadas y convincentes que las más sencillas. Esta tendencia se observa de manera más acusada durante los periodos de gran incertidumbre como el que está aconteciendo ahora con la pandemia del coronavirus. [4]

Uno de los enfoques que mantiene precisamente O’Shaughnessy es mantener la sencillez. Después de estudiar diferentes estrategias bursátiles, se podrían esperar fórmulas complejas para producir los mejores rendimientos, pero el enfoque de este empresario es precisamente el contrario: “Siguiendo un sencillo plan de asignación de activos de renta variable con una disciplina consistente, se superará ampliamente a los que no son capaces de hacerlo, sea cual sea el entorno general del mercado”.

Hay dos tipos principales de análisis en bolsa, el fundamental y el técnico. El primero persigue obtener el valor teórico de una empresa mediante sus estados financieros, su estructura interna y su competencia, mientras que el análisis técnico estudia el comportamiento de los mercados bursátiles mediante gráficos e indicadores para predecir tendencias futuras. Ambos son complementarios e igual de importantes, pero el técnico es más susceptible de llevar al inversor al sobre análisis y a tomar decisiones en ocasiones basadas en teorías incompletas.

Un exceso de análisis o de reflexión sobre las alternativas puede incluso impedir a un individuo tomar una decisión, pudiendo llegar a perder oportunidades, estado conocido como “la parálisis por análisis”. Los traders encargados de realizar análisis técnicos utilizan amplias gamas de teorías, modelos, indicadores y gráficos para detectar señales y tomar decisiones de inversión, pudiendo llegar a definir un problema de lógica difusa con un número indefinido de variables, que solo podría resolver tecnología de machine learning o inteligencia artificial. Esta situación sería frustrante y prácticamente imposible de resolver [5].

Por lo tanto, como conclusión general, no se pretende desmentir la necesidad de los análisis financieros para invertir en bolsa, todo lo contrario. Pero sí es importante recalcar que analizar en exceso una decisión puede ser al menos tan perjudicial como tomarla al azar. Además, el análisis del riesgo conlleva enfrentarse a la incertidumbre y un error muy común es suponer que la complejidad de las teorías equivale a la eficacia, tal y como se demuestra en el ensayo de Alex Bavelas.

Parte II: La preferencia temporal y el largo plazo

La preferencia temporal es un fenómeno sistemáticamente observado en el contexto de la toma de decisiones y hace referencia a la primacía de las utilidades inmediatas sobre las futuras. Si las decisiones tienen consecuencias económicas, el tiempo se convierte en una dimensión relevante a la hora de elegir.

experimentos

Figura 2: Esquema del Marshmallow experiment y su relación con la inversión en bolsa. [7]

El largo plazo no es fácil, pues la volatilidad del mercado y los activos sobrevalorados en momentos puntuales que se experimentan en el corto plazo son tentadores, pero mantenerse racional con resistencia hacia ellos ejerciendo autocontrol, suele ser el sello más típico de la creación de riqueza a largo plazo. Como dice el slogan que la empresa Guinness empleó en una campaña publicitaria “Good things come for those who wait” (las cosas buenas llegan a los que esperan).

En años posteriores, se realizaron variaciones del Marshmallow experiment para ver qué influía en la capacidad de los niños para retrasar la gratificación. Una de ellas, introdujo juguetes con los que podían distraerse y otra alternativa eliminó la tentación sacando el dulce de la habitación. De esta manera, resultaba más sencillo para los niños retrasar la gratificación pues podían pensar en otras cosas y suprimir la frustración [8]. Este aspecto puede relacionarse también con el anterior punto del sobre análisis en bolsa, ya que al tener otros elementos con los que distraerse o no viendo el objeto directamente durante la espera, es más fácil dejar que la mente se centre en temas más sencillos y no caer en el exceso de análisis.

Otra de las variantes del experimento consistió en someter a los niños a una experiencia precursora antes de entrar individualmente a la sala con la golosina. Se trataba de una actividad en grupos en la que previamente se les había prometido que iban a recibir una caja de lapiceros tras su finalización; al terminar algunos obtuvieron el premio, pero otros no. El resultado global concluyó en que aquellos que habían sido sometidos a un entorno previo fiable, mostraron mayor capacidad de espera para conseguir el segundo marshmallow. Desde el punto de vista del mercado de valores, las conductas son semejantes, ya que los inversores operando en entornos volátiles y poco fiables, que han sufrido pérdidas antes, probablemente mostrarán una menor propensión a invertir su dinero con una visión a largo plazo [9].

Para recapitular, las emociones suelen llevar a tomar decisiones impulsivas. En el ámbito de la inversión, retrasar la gratificación está relacionado con el éxito financiero mediante la capacidad para posponer una recompensa inmediata por una mayor en el futuro. Sin embargo, no es una tarea sencilla y requiere de ejercer el autocontrol, por ello conviene establecer bien los objetivos de la inversión para atenerse a un plan más gratificante que lo que se pretenda conseguir inmediatamente.

Referencias

[1https://www.turtletrader.com/phil/

[2http://blacksummitfg.com/debunking-investment-myths/

[3https://www.cannonfinancial.com/uploads/main/James_O_’_Shaughnessy-10-

19.pdf

[4https://perceptionmanagers.org/2008/08/bavelasexperiment.html

[5https://www.investopedia.com/terms/a/analysisparalysis.asp

[6http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S2448-718X2012000200449&script=sci_arttext

[7https://www.goodcapitalinvestmentgroup.com/learn/would-you-pass-themarshmallow-

test

[8https://www.linkedin.com/pulse/marshmallow-test-how-successful-investorwoodfall-

chartered-fcsi

[9http://www.businessworld.in/article/What-do-Marshmallows-have-to-do-with-

Investing-/14-12-2020-353306/

Notas:

entrada blog nota

El proyecto value4all es un proyecto divulgativo sin ánimo de lucro. No somos una gestora ni comercializadora de acciones y/o fondos, ni aceptamos publicidad de comercializadoras para preservar la independencia del proyecto.

Los fondos que deposites en renta variable (acciones) no están garantizados. El capital invertido queda por lo tanto sujeto a las subidas y bajadas del mercado. Debes por lo tanto considerar la inversión en Bolsa como un vehículo adecuado para tus ahorros en el largo plazo, esto es, el destino del ahorro que estás seguro de no necesitar en un horizonte de 8-10 años. En caso contrario, el riesgo de que acabes teniendo menos dinero del depositado es muy alto.

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